Permitidme divagar un poco, ser yo mismo sin coartadas ni dobles sentidos. Creo que en este lugar, depositario de mis ideas y creaciones, es necesario de ves en cuando, ser franco conmigo mismo. Se acaban los exámenes, aun quedan trabajos y alguna prueba, pero no mucha esperanza de sacarlos.Estoy cansado, llevo ya mas de un mes durmiendo menos de aconsejado, nervios, tensiones, entregas de trabajo hasta la madrugada… se que mi cuerpo no puede con ello y aun así en un masoquismo refinado sigo con ello.
El clima cambia, comienzan las tormentas de verano…. irónicamente los que padecemos algún reuma, sufrimos especialmente este inicio del verano. Me duele el cuerpo, me duelen los brazos, me duele el alma de seguir adelante, permitidme no tener que fingir aquí también… no tener callar el dolor, apretar los dientes ante el relámpago ardiente que abraza mis huesos, porque ante la sociedad debamos ser normales.
Mientras escribo estas palabras, oigo gritos, la misma casa retumba… al parecer en un estadio lejano, se juega algún partido importante y todo el mundo tiene su televisor sintonizado. Me siento en otro mundo, como un paleontólogo occidental en su primera visita a una tribu perdida. ¿Debería estar ante el televisor gritando y haciendo mío el esfuerzo físico de una docena de deportistas de élite?, ¿llevando hasta el extremo los sentimientos de exaltación por un acto que da sentido a una vida vacía?
No puedo, simplemente no puedo. Siento ser jugador y pieza en un juego de mesa, donde alguien se olvidó de explicarme las reglas.
Las reglas… las costumbres… lo que debes hacer para sentirte normal, uno más…
Y las mujeres, mujeres que les gusta la tradición, que el hombre corteje y ellas decidan. Mujeres que pueden pasarse el día gritando lo poco que son queridas o deseadas, tras mirarte con desprecio y alejarte con un gesto obsceno. No entiendo nada, estoy seguro que me pierdo algo.
Mirando atrás lo pasado este año, no se si reír o llorar… me han usado como pasatiempo, como distracciones de vidas maritales, como simple divertimento sexual. En cierto aspecto me siento bien, he pasado buenos ratos, conocido a personas maravillosas… pero dios mio ¡lo que daría por una relación normal!
Es que, sinceramente… me siento como una estrella de leyenda, luz que las doncellas mantienen en sus corazones y con la que algunas en idílica noche mantienen un fugaz y mágico romance, pero a que la mañana esperan a su caballero de brillante y tuneada armadura.
Al final seré un sueño… un bonito sueño que un ateo dios soñó durante la siesta y nada más…